miércoles, 10 de febrero de 2021

Los prejuicios se heredan

 Y si, lo que vale para los prejuicios raciales, homofobia... también vale para la alienación parental


Quizás por que nuestros comportamientos están regidos por diagramas de flujo, como los programas de computadora. Importa el input y el output. Relativamente. Como esté construído ese diagrama puede sesgar los outputs. Lo que más afecta a la arquitectura de esos diagramas de flujo son los aprendizajes tempranos. Madres, abuelos, padres... lo que nos enseñan cuando somos pequeños se convierte en los cimientos sobre los que construímos el resto de nuestra personalidad. Muchas veces, en el caso de malos aprendizajes, nos pasamos el resto de nuestra vida tratando de desaprender, de rehacer nuestros esquemas de valores para ser personas operativas en la sociedad y en el tiempo en el que nos ha tocado vivir. 

A nivel cultural los valores ancestrales siempre tienen un valor emocional. Los nacionalismos han sabido explotar esta emocionalidad ligado a valores atávicos. En Ecuador esto se ve muy bien porque una sociedad mestiza se emociona íntimamente con valores indígenas. Desprecian muchas veces su cultura latina, mediterranea, católica, blanca, aunque se expresan el 99.99999% de las veces en ese idioma procedente del latín. Sin embargo, el choclo, algunas palabras kichwas, los rostros indígenas... son elementos profundos, ocultos y que no se cuestionan. Es el valor de lo primigenio que se interpreta como verdadero. 

Lo que nos enseñan las abuelas, las madres... va con nosotros para el resto de la vida. Otra vez lo latino: los hombres tienen el poder fuera de las casas y las mujeres dentro de ellas, en el seno familiar.  Sin embargo, no por ser ancestral, primigenio, aprendido en la infancia, ese conocimiento tiene que ser verdadero. Descubro con los años la cantidad de reacciones que tengo que son aprendidas de mi madre. Por ejemplo, mi madre detestaba a los manipuladores, siempre me estaba poniendo en alerta contra ellos. Cuando detecto manipulación en alguien que considero amigo el impacto de este descubrimiento es tan fuerte y me genera una desilusión tan profunda que anula los afectos que antes sentía por esa persona. Bastante drástico, si, pero reconozco un sesgo al principio del diagrama de flujo: ¿Es una persona interesada? si contesto si a esa pregunta el output es "elimínala de tu vida". 

¿Es la solución alejarse de las personas tóxicas?

Todos los expertos que leo o que veo sus videos en youtube acerca de narcisismo coinciden Todos son unánimes: alejarse del manipulador es la única estrategia posible. ¿Cuál es el precio? Hay un capítulo de Black Mirror en el que se reflexiona sobre las aplicaciones de crédito social. En China ya están funcionando, y no son públicas, de hecho, la aplicación más popular es de la empresa Aliexpress. Estas aplicaciones proporcionan descuentos a aquellos usuarios que sean buenos pagadores, cívicos, que dejen los bienes utilizados en buen estado, en el lugar apropiado. Cuanto mejor crédito mejores descuentos. En el capítulo de Black Mirror se muestra una usuaria de estas aplicaciones la cual se esfuerza con tesón en ser simpática y agradable para que la gente con la que interactúa le puntúe positivamente y de esa manera llegar a estar entre el 10% de personas más populares. Estar en este rango te abre la posibilidad de comprar una casa en un buen barrio. Cuando le ocurre un percance y baja bastantes puntos en su calificación comienza su espiral hacia abajo. Acaba siendo recogida por un camión conducido por una camionera. Esta camionera había estado mejor puntuada en su día de lo que estuvo ella misma en sus mejores tiempos. Ahora la camionera estaba entre el 10% de personas con puntuación más baja. Reconocía que desde que estaba fuera del sistema era mucho más feliz. Sin embargo, los humanos, como simios sociales, sufrimos cuando estamos fuera de nuestra manada, de nuestra tribu.

Estos psicólogos que nos conminan a que nos alejemos del manipulador narcisista deberían ver la película Mouchette de Robert Bresson. Pasa lo mismo con los integrantes de las sectas. Cuando están quemados y quieren abandonar la secta, TODOS, reconocen que la mayor resistencia es la de quedarse solos. El fundador de la secta Opus Dei le llamaba a ese sentimiento el “rejalgar”. El rejalgar es una pasta de mercurio, creo, que es muy muy amarga. Este sujeto decía que el sabor de dejar el Opus era más amargo que el rejalgar. Pero ojo, también de las sectas se sale. En la página opuslibros.org hay numerosísimos testimonios de personas que lo lograron, eso sí, con un increíble esfuerzo, la mayor de las veces en la más estricta soledad y abandono.

Mientras permanecen dentro de la secta, los adeptos, más o menos van cumpliendo las reglas. Se mantienen unidos mediante varias estrategias: las más populares es mantenerlos en alerta frente al diablo que está en el exterior del grupo y siempre, siempre, está tramando como alejarlos de ese mismo grupo constituido por iluminados, por seres de luz. Existen otras estrategias, todas ellas conocidas y estudiadas desde hace décadas, conocidas como técnicas de control mental.

Por ahora, las feministas, que copan los departamentos de sociología y en general, de las ciencias sociales, como supremacistas de género que son, niegan la alienación parental, que por la cantidad de casos que son ejercidos por mujeres debería llamarse alienación marental. La alienación marental también utiliza las técnicas de control mental. Para ellas no existe la manipulación cuando sirve para su programa supremacista. Recientemente un estudio ha concluido que aquellas personas que se sienten víctimas son más proclives a ser manipuladoras. El fin justifica los medios.

Lo mismo que el machismo en los años setenta del siglo pasado era algo asumido, hoy en día ocurre lo mismo con algunos postulados que provienen de ese patriarcado, como que los hijos son de las madres, y, porque les conviene, es sostenido con uñas y dientes por las feministas. Que en los años setenta se le dijese a una esposa que tenía que aguantar con resignación el maltrato del marido era una barbaridad. Lo mismo que cuando en 2021 a un padre que ve solamente, y con mucho esfuerzo, a sus hijos 15 días en verano y 15 días en navidades, y que el resto del año prácticamente no se puede comunicar con sus hijos porque no le contestan las llamadas, se le dice: “son cosas de adolescentes” se está siendo tan insensible como cuando a las mujeres maltratadas en los años setenta en España se les decía “es que el pobre está estresado de trabajar”. Hay que tener discernimiento, capacidad para distinguir lo correcto de lo incorrecto y sobre todo: NO SER BANAL.

Heiddeger, el mejor filósofo europeo de su tiempo, nazi, después de la guerra dijo lo mismo que el gigoló que se había casado con Marujita Díaz: “La noche me confunde”. Hanna Arendt, discípula, judía y luego amante de Heiddeger, después de la guerra, acudió diariamente al juicio de un oficial de las SS en Israel. De la experiencia de escuchar el testimonio de ese hombre escribió un libro fundamental: “La banalidad del mal”. La conclusión de la filósofa fue que, en contra de la opinión general, ese hombre no era malo. Solo era un ser banal que motivado por las prebendas y con la excusa de seguir órdenes fue capaz de cometer las más terribles atrocidades. “Terribles atrocidades”, la típica dupla que oculta bajo esas dos palabras las maldades más perversas. ¿Cómo una filósofa judía fue capaz de quitarle la etiqueta de malvado a ese ser abyecto? Pues porque se dio cuenta que el sistema nazi, el programa de exterminación industrial racista, era el responsable de que personas que en principio podrían ser funcionarios comunes y corrientes, se volvían auténticos monstruos depravados.

Los prejuicios sociales están construidos con los mismos mimbres: el diablo es aquello que amenaza los valores y la integridad del grupo. Mis hijos han decidido dejar de hablarme porque mi existencia, mis valores, de alguna manera ponen en tela de juicio la familia en la que, esa mujer que se define como padre y madre ha creado: la familia que siempre quiso, con sus hermanastros, su marido escritor… esas cosas. Una familia que niega el papel de padre al auténtico padre. Una señora que quiere que el padre de sus hijos sea un cajero ambulante y un buen monitor de tiempo libre. Lo sé porque es algo que nos pasa a la mayoría de los padres divorciados. Hay madres que no son así, por supuesto. Sonia, la hermana de mi amigo Jorge, antepuso el papel de padre de su exmarido a este papel de mujer permanentemente reclamando el dinero que la sociedad le dice que es suyo, y que la actual legislación corrobora, dado que, incluso a partir de los 18 años de los hijos, el dinero se les tiene que ingresar a ellas.

En los prejuicios sociales, el papá, y sobre todo la mamá, se encargan de alertar y aplaudir las conductas de rechazo de sus hijos a otros niños que no están dentro de su grupo. Un grupo gana cohesión siempre y cuando pueda ser exclusivo, es decir, hacer que la pertenencia al mismo tenga un coste. Cuanto más elevado sea ese coste más cohesionado. Esta lógica permitió al gran cómico Groucho Marx crear una obra maestra del humor al decir: “Yo no querría entrar en un club en el que me aceptasen como socio”. Es la lógica del capitalismo, una lógica de crear valor en donde, en principio, no debería haberlo. El valor surge de la escasez, en crear una demanda. Cuando nosotros no te dejamos entrar hacemos que aquellos hábitos que nosotros practicamos tengan un valor por que gracias a eso nosotros estamos dentro y tu estás fuera. Una lógica perversa. El poder de las personas banales.

Que yo sea un ser de luz hace que tu seas un ser de la oscuridad

La tendencia actual a ser vegano, animalista etc recuerda a los movimientos antialcohol de principios del siglo XX. Moralistas, puritanos… siempre los ha habido. En casi todas las épocas. Savonarolas con sus hogueras de las vanidades. Hoy en día ser supremacista de género, esto es, feminista es un “must be” del puritanismo del S XXI. Bueno, su postura transfoba les está vertiendo un cierto aire rancio que no les favore, pero claro, no se puede ganar medallas y al mismo tiempo apoyar al movimiento LGTBITJ (El TJ es una aportación de Vidal Jr y significa “Todos juntos”). Si, si, ya se que el principal escollo es el de los vientres de alquiler… una batalla perdida, porque en el juego de los privilegios no hay que olvidar que el tener dinero es el privilegio por excelencia en nuestra sociedad capitalista y ya se sabe, habiendo dinero por medio alguna de esas Mujeres con mayúscula, no dudará de vender a su hijo, quedando la idea sacralizada de la maternidad mancillada por el vil metal. ¿Podrán seguir siendo víctimas? Han negado que hay mujeres que se prostituyen por dinero, por que les da la gana

Video de la prostituta vasca:'Ser prostituta nunca me ha parecido un trabajo duro' 

Lo han negado porque eso desdora la idea de que son víctimas del patriarcado. Necesitamos ser seres de luz para que los demás seamos el diablo, seres de oscuridad.

El punto es reconocer lo que es correcto. La ética. No es correcto vender niños como tampoco lo es comprarlos. Lo mismo que no es correcto que alguien le ofrezca dinero a una niña para que se prostituya. Lo que no es correcto es que exista tantísimas diferencias de dinero entre clases sociales, entre países. No es un problema de género, es un problema de reparto de la riqueza. Ser seres de luz, cuestionar todo tipo de privilegios para así no tocar el privilegio más importante: el dinero es un sistema que excluye al que no lo tiene

La higiene e ideas erróneas sobre genética dieron lugar a los ideales nacionalsocialistas. Creer que lo correcto era lo sano, lo ario y lo que no se ajustaba a ese ideal de limpieza y salud era una degeneración de la raza. Los seres de luz contra los seres de oscuridad. El fascismo buscó en las vanguardias la razón de ser de un clasismo y un espacio de medro social para los mediocres, los que únicamente eran señoritos ociosos y que ser falangistas les dio un lugar en este mundo. Para entenderlo debemos ver Novecento de Bertolucci. Todos ellos eran seres apolíneos en contraposición al alzado, al obrero que no quería saber su lugar en el mundo.

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